Y está conmigo,
ausente,
quieto y paciente.
Ya le aburren mis chistes.
¿Miedo?
Ojalá tuviera ese morboso y excitante ensueño.
Ya probó,
con impaciencia,
rencor,
y temor,
y más temor.
¿Pero quién se acojona aquí,
mi miedo,
o su "tan divino resplandor"?
No hay mal que por vien no benga.
O eso dijeron los Dioses.
O eso me digo yo.
Las apariencias engañan.
Pero,
¿y si nos engaña también la misma esencia,
de esa tan (in)visible apariencia?
Por eso, te ruego,
te suplico,
vete,
y quédate conmigo.
Amigo del alma.
Anciano de soberbia.
Ilusorio dolor.
Me robaste mi esencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Escribe algo, todos aprendemos de todos.